Para no quedarse con las ganas y sacar a pasear las palabras y las idéas.

jueves, 26 de junio de 2008

De dudosa procedencia

El presidente Felipe Calderón y su desaliñada, pero “simpática”, esposa Margarita Zavala viajaron a España a realizar su primera visita de Estado a aquel país, sus anfitriones, los príncipes de Asturias, Don Juan Carlos y Doña Sofía, asistieron a la pareja presidencial en un viaje por demás “inolvidable”, reseñó en su reportaje central la revista HOLA en su edición no. 83 del mes de junio.

El viaje, de cuatro días, que según la publicación especialista en temas de élite (quien sabe con que se come pero es un hecho que la revista se vende como pan caliente), “serían aprovechados a favor del fortalecimiento de las relaciones bilaterales y el establecimiento de acuerdos sólidos en diversas materias en beneficio de ambas naciones”. Oséase, que en vano no fue.

La pregunta de los 64 mil:

Durante la cena de gala ofrecida en su honor en el palacio real, el presidente mexicano lució, al igual que el monarca español, una medalla en el pecho, pero en su caso, de dudosa procedencia, y no porque se sospeche que fuera robada o de fayuca, sino porque la pregunta obligada es ¿en qué batalla se la ganó?

Esta vez le volvió a fallar el tino a Felipito, sin bien su predecesor Vicente Fox no libró batallas fusil en mano, le dio por cerrar carreteras y ponerse orejas de burro, hechizas a partir de dos boletas electorales, en señal de protesta en el palacio legislativo de San Lázaro durante un informe presidencial del inombrable… orejas que nunca más se quitó...

En casos como este, ¿qué sugiere el manual de buenas prácticas presidenciales? ¿…al lugar que fueres haz lo que vieres? Esta vez, lejos de estar a la altura de la monarquía y lucir a todo lo que da la percha, Felipe se mira como rapero, de plano, como cliente del mismísimo joyero que le manufactura las alhajas al regetonero Daddy Yanquee.

Ah, pero eso sí, insisto, la medalla forma parte de la utilería o es prestada, porque sino, seguramente la pagaron con mis impuestos y los tuyos, al igual que el viaje que acaparó la portada del HOLA al protagonizar, en un reportaje de 14 páginas centrales, “una visita inolvidable”.

miércoles, 25 de junio de 2008

Felipe y su paso fugaz por las juventudes socialistas.

Que fácil es pasarse de lengua por el afán de agradar o simplemente darse un relumbrón, así le pasó a nuestro presidente electo al recibir a Tabaré Vázquez, su homologo uruguayo. Calderón no pudo resistir la tentación de demostrar su afición a la cultura uruguaya y se declaró como "Un seguidor, un fanático" del escritor, poeta, compositor, cantante, locutor y periodista oriental (gentilicio alternativo de los uruguayos) Alfredo Zitarrosa, quien vivió exiliado en México a principios de los ochenta, huyendo de la dictadura militar en su país.

Alfredo, que habita un cielo sospechosamente parecido al barrio sur de Montevideo (El que está en la tierra ya bastantes trazas de paraiso tiene...), y que ya tuvo en vida que soportar a ese mal engendro de la sociedad que se llama político mexicano, se ríe un poco tal vez. Mientras Tabaré mira a Felipe Calderón "fascinado" como refleja en esta nota la reportera de "El Economista", una mujer que parece desconocer que el presidente visitante no es un político inculto como a los que nos acostumbra el PRIAN y el resto de los partidos, sino un científico, un investigador que se tornó en político gracias a su militancia en el movimiento socialista, un uruguayo más desparramado por el mundo quien en su juventud seguramente si escuchó a Zitarrosa y a Los Olimareños y los llevó en cassetes como compañeros de exilio mientras estudiaba oncología en París, de alguna manera huyendo de la misma dictadura que Zitarrosa, como tantos uruguayos socialistas que en su música encontraban unidad y esperanza. La reportera ignora esto y confunde con fascinación la incredulidad de Vázquez , quien sabe de seguro que Calderón está a la derecha de la derecha, que el proceso electoral que lo eligió se puso en duda por una gran parte de la población, que sus políticas de tan solo un año han beneficiado a los ricos y dejado a los pobres más pobres aún, que se esfuerza por entregar al país a los invesrionistas extranjeros.

Felipe no contento con su comentario, incluso llega a citar unos versos de una de las canciones que seguramente ponía lágrimas en los ojos y esperanza en los almas de miles de jóvenes "yoruguas" allá por los ochentas;

En mi país, que tristeza,
la pobreza y el rencor.
Dice mi padre que ya llegará
desde el fondo del tiempo otro tiempo
y me dice que el sol brillará
sobre un pueblo que él sueña
labrando su verde solar.

Tabaré se irá a su casa convencido de una de dos cosas: el presidente electo de México no sabe ni quien le escribe los discursos, o la triste alternativa, si escuchaba a Zitarrosa y no le entendió nunca, nadita.

Por cierto, las últimas líneas de "Adagio a mi país", la canción que citó el presidente, dicen:

En mi país somos miles y miles
de lágrimas y de fusiles,
un puño y un canto vibrante,
una llama encendida, un gigante
que grita: ¡Adelante... Adelante!

Mi teoría es que el que le escribe los discursos a Felipe tampoco le entendió a la canción.